Bajo mi cama guardo una simple caja de cartón, de aquellas de zapatos, que siempre están de más.
Por fuera se ve normal, ni una etiqueta, ni un sticket o foto que indique que tiene al interior.
Pero aquí lo confieso, es mi pequeño tesoro...más bien nuestro, más bien ahora mío de nuevo.
Lleva varios años ahí, con mucho polvo acumulado, con mucho escondido. Basta levantar la tapa para descubrir el primer secreto: tu nombre y el mio, escritos en letra cursiva en la tapa interna.
Un poco más abajo una fecha. ¿La recuerdas? 4 de febrero, yo llevaba un vestido de verano azul y sandalias, tu ibas de gris. Estabas nervioso, después supe el porqué. Enfin, ya muchas cosas pasaron y muchas otras no, pero volvamos al ahora. Al ahora donde vuelvo a abrir nuestra caja, que viene a ser como a leer nuestra historia. Y es que cada minimo objeto guardado es un capitulo. Entradas de películas a las que fuimos, pero no siempre vimos. Tengo cartas que me mandaste, que de noche pasabas bajo mi puerta y que yo leía antes de dormir, porque tus palabras eran mis cuentos. Me inspiraste a escribir malos poemas, quedaron registrados en una pequeña libreta que siempre llevaba en mi bolsillo..y es que en cualquier momento me acordaba de tí y te dedicaba una mala rima. Dudo que alguna vez sepas de aquello, me daba vergüenza...y es que tus versos eran perfectos, los mios la nada, pero una nada con sentimientos, fuertes y sinceros.
Guardo cosas que nunca te percataste que tomé: hojas caídas durante nuestros paseos, piedritas de la entrada de tu casa, el lápiz que me prestaste cuando apenas hablabamos, cuando no sabías que yo existia (sólo) para tí. Guardo granitos de arena del lago de aquel verano y un sobre con pétalos de cada una de las flores con las que llegabas. Guardo un frasquito con las últimas gotas de tu perfume, aquel aroma que se me hizo único, que sentía cuando estabas lejos, cuando no estabas conmigo.
Guardo lo que muchos llamarían “basura”: boletas, envolturas de dulces y muchas chucherías que para mí lo son todo, son momentos, son días,son pruebas de que todo esto nunca lo soñé.
Guardo un trozo del pasado, un pasado que ya es hora de pisar. Pisar y luego aplastar.
Es tarde en la noche o muy temprano en la mañana. Hace frío, está nublado, está perfecto. Hice una pequeña fogata en mi jardin, bien al fondo, bien oculta. Contemplo por un rato las llamas bailando entre ellas, agitadas, revoltosas como lo fuimos alguna vez. Parece ser esta la mejor opción, para cerrar finalmente nuestro ciclo. Y es que sólo contemplo mi tesoro una vez más y ya. Lancé una a una cada trozo de papel, cada regalo, cada recuerdo. Las llamas crecían destruyendonos una vez más..está vez para siempre. Fueron pocos minutos para tanto tiempo que nos tomo ser lo que fuimos, dejar de ser dos, unir nuestras vías para abruptamente llegar a un quiembre, a un adiós.
Desperté cuando ya salía el sol, cuando no quedaban más que brasas, todo se acabó. ¿Y porqué aún siento tu presencia? ¿Porqué pareces estar tan cerca? Debería ser todo al revés. Y es que donde hubo fuego cenizas quedan. Y eso era lo que justamente tenía al frente, nuestra historia en mínimos polvos, me parecía escuchar nuestras risas provenientes de ellas, creo que incluso reconocí tu rostro, tus ojos pardo.s
Y es que no se puede pisar el pasado, no se puede borrar lo vivido, lo sentido. Del pasado se aprende, no se olvida, no se aplasta.
Ahora guardo una nueva caja de recuerdos, la que conserva nuestras cenizas. Una parte de mí sabe que no es posible, pero muy en el fondo sueña con que sí, que desde las cenizas todo vuelva a renacer, que vuelvas a mi puerta con tu sonrisa impecable y esas flores en degradé.
21 julio 2009
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