
Ella se envolvio en una de las sábanas, encendió un cigarrillo y se asomó a fumar al balcón.
Recién estaba amaneciendo, era una de esas madrugadas de cielo despejado, pero mucho frío, frío en el ambiente, frio en la habitación.
- Pensé que habías dejado de fumar - le dijo él desde la cama, aún con los ojos cerrados, abrazando la almohada.
- Lo había dejado, pero me prometí guardar algunos para una instancia en especial.
- ¿Está es?
- Mira, allá afuera, el cerezo que planté hace tanto tiempo atrás porfin está dando flores.
Él se levantó y la abrazo fuerte por la espalda. Ella sólo se dejó estar, se dejo querer, recibir los besos, sus manos reconrriendola. Sentir su aliento y respirar lento en su nuca.
- Ni te imaginas cuanto te extrabaña querida.
La tomó de la cintura, quedando frente a frente.
- ¿Porqué tardaste tanto en volver?
- Porque no entendía, no sabía lo que eras para mí. Tuve que perderte para extrañarte, tuve que alejarme para necesitarte, tuve que estar con otras para darme cuenta que quería ser tuyo y sólo tuyo.
- Lo sé, lo sé todo.
- ¿Cuanto es lo que sabes, que es lo que sabes? Hablame, cuentame que ha sido de tí estos años.
Sus narices se rozaban, se redescubrían tras la larga ausencia, sus labios estaban así, muy juntos, pero no se besaban, se percebía un cierto temor, una muralla invisible que aún estando tan cerca los mantenía separados.
Él quito la sábana que la cubría mientras ella volvía a girar y mirar hacia el horizonte.
- Lo sé todo, lo vi y entendí todo desde que me trajiste hasta acá hoy.
Él la besaba, acaricaba cada pequeño espacio de su cuerpo. Ella suspiraba, suave, intentando no hacerlo, intentando reprimirlo.
- ¿Sí? Sentiste lo mismo que yo, que porfin estamos donde correspondemos, que ya no podemos seguir evadiendo nuestro destino, somos el uno para el otro.
Él subía la intensidad de sus actos, ella sus reacciones, derepente rompiendo la sintonía, ella se alejó.
- Sabía que intentarías esto, que vendríamos aquí, que sería una noche de aquellas de antaño, en donde nos olvidamos del mundo y por un par de horas eramos tu y yo.
- Sí, quiero eso, quiero eso y más, quiero recuperar el tiempo perdido, quiero recuperarte a ti. nuestra conexión, nuestra armonía.
Ella se empezó a vestir y nuevamente se acercó a la ventana.
- ¿Y que me dices de ella?
- Perdón. ¿De quién?
- De tu novia que viene entrando por el jardin. - Ella tomó la cajetilla y encendio el último cigarrillo que había dentro.
- De verdad, dejalo que te hace mal. Y ella..y bueno ella, ella no sabe..ella no entiende que se debe ir, que ya no es ella que eres tú...
- Querido, no te gastes en explicaciones. Yo lo sé todo, lo entiendo todo.
- Puedes explicarme y de una vez por todo decirme que diablos intentas dar a entender.
Ella tomó su abrigo, aspiro la última bocana de humo y besando la comisura de sus labios le dijo:
- Prometí que el último cigarro lo fumaría durante nuestra despedida definitiva.
- Pero este, pero ella, querida escuchame...
Ella se acercó a la puerta, los tacones sonando fuerte y una sonrisa de satisfacción, antes de decir un "no hasta pronto, no un nos vemos pronto..esto es un adiós."

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