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30 julio 2010

Extraños Conocidos


Eran las 16:42 de un jueves cualquiera, de aquellos día de viento que cala los huesos y un sol radiante que a la vez no calienta nada. Caminaba entumida, con las manos dentro de los bolsillos y una gruesa bufanda que cubría hasta mi nariz. Sí, era de los pocos que recorrían las veredas, y quizás la única que lo hacía sin rumbo definido. No era que no tuviese donde ir o con quien estar, fue algo así como un impulso, una idea fugaz que se apoderó de mi y en un minuto me tenía con abrigo puesto y música en los oídos, despertando recien ahí para percatarne que ya estaba cerrando la puerta de casa.
Pensé en beber un café, de respirar el aroma amargo que se siente en estos locales, observar los rostros borrosos de la gente, perdidos entre el humo de cigarrillos y conversaciones bohemias con un poco de blue sonando en el fondo.
Abrí la puerta del lugar, haciendo sonar una campanita colgando sobre ella. Bastante ruidosa la porquería aquella y sin embargo nadie voltio a mirarme. Nadie...más que tú. Estabas sentado en una de las mesas del fondo, junto a la ventana. Parecías muy ocupado, con todas esas carpetas y papeles y una torre de tazas vacías que amenazaban con caer sobre ellos. Nuestras miradas se encontraron y por unos diez segundos nuestros mundos se paralizaron, sólo eramos tú y yo. Sentí como un golpe electrico mental, algo que me decía que yo te conocia, y sin embargo era la primera vez que te veía. Me acerqué a preguntarte si te importaría compartir la mesa, ese fue otro impulso, sumandole que el lugar estaba bastante lleno. Pedí un latte y tu otro espreso. Eramos como dos viejos amigos que no nos habíamos visto en años, y a fin de cuenta, extraños.
Me contaste de tus amigos, de tus viajes, yo te hablaba de mi gato, de mi pasado. Nos dimos cuenta que nos repetiamos historias, que habíamos asistido a las mismas obras de teatro, que teníamos más gente en común de lo que imaginamos. Coincidimos en gustos, en sueños y pasatiempos. La vida nos había cruzado tantas veces sin saberlo, siendo nosotros ciegos ante esto. Pero es que la vida tiene sus maneras de hacer las cosas, estaba escrito que un día u otro nos encontraríamos de frente, sólo tenía que pasar un poco más de agua bajo nuestro puente.

El tiempo se nos escapó de las manos, me contabas de tu novela, yo de mis poemas y de repente ya era hora de partir. Nuestros dedos se entrelazaron camino a la salida. Nos quedamos fuera, de pie, comentabamos lo gracioso de toda esta situación cuando una brisa helada me llevó a aferrarme fuerte a ti. Tú me abrazaste, tu gesto gritaba "no te vayas, ya nos encontramos" y mi rostro apretado sobre tu pecho, escondido susurraba "tengo susto, seamos, ya nos encontramos". Suavemente tomaste mi rostro y me besaste durante unos pocos segundos, fue nuestro instante, con sólo eso me respondiste: "tranquila, si tieme que ser, la vida nos volverá a encontrar."
Y así como me viste llegar, yo te vi partir. Y vi la luna que brillaba muy arriba, y de nuevo otra brisa de hielo que me sacudio sin tener nada más que mi abrigo para aguantarlo y vuelvo a caminar pero esta vez con un rumbo seguro: volver a cruzar nuestros senderos, porque una vez que nos dejamos, si nos volvemos a encontrar, seremos sólo uno, por siempre y para siempre jamás.

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A veces la vida nos tira al suelo, nos hace pedazos, nos hace pensar que no somos nada de nadie, de ninguno. Entonces abre tu Cajón de Cuentos y lee una historia, cree ser parte de ella y date cuenta que todo es posible, que la vida no es sueño que sólo falta un intento..y si caes debes levantarte, que siempre habrá una palabra ahí para ayudarte.

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C'est comme une aventure qui nous laisse sur nos fins