
Corrí.
Corrí como nunca lo había hecho.
Llovía torrencialmente.
Parecía que el cielo entendía exactamente como me sentía dentro.
Mis botas salpicaban a todas partes, sin fijarme siquiera donde pisaba.
Sólo pensaba en que tenía que llegar.
Qué eran un par de minutos. Unos cuantos segundos y nada más.
Nuestro historia era fuera de lo normal.
Un tanto especial.
Una amistad que crecio hasta las nubes, con tendencia al infinito
y yo creo que más allá.
Pero y sin embargo tocó un límite,
Volvio a raz de suelo, empezando a morir.
Nuestra historia era como una montaña rusa.
Adrenalinica. Emocional.
De miedos. De ansías. De éxtasis y felicidad.
Y llegando a la cumbre...todo lo que sube tiene que bajar.
Sí, nos vimos obligados a bajar.
Nuestro historia se afirma en noches profundas.
En sueños confusos y locuras.
Conversaciones sinceras, discusiones tortuosas.
Días de amor, días de envidia.
Días de vientos, tardes de sol.
Un verano eterno que sin darnos cuenta...
se congeló.
Llegué.
Ahí estabas justo frente al vagón.
A un poco de subir, de partir.
Y algo te detuvo. Como si sintieras mi perfume, mi respiración
Te volteaste. ¡Me buscabas!
Un segundo.
Te dí la espalda.
Dos segundos
Un paso me aleja de la estación.
Tres segundos
¿Y si mejor regreso? Cierro los ojos
Cuatro segundos
Decido ir por tí. Abro los ojos
Cinco segundos
Ya te fuiste sin mi.

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