Viernes.
Por muchos siglos que pasen, por mucha gente que exista, por muchos sucesos varios habidos y por haber después, MI viernes siempre termina un poco igual.
Siempre termina con algo parecido a mi sombra bajandose del metro un par de estaciones antes, caminando a contracorriente de los que buscan un espacio mínimo en el vagón.
Sea otoño, primavera o verano, mis viernes siempre son de invierno. De mucho viento sacudiendo los árboles y nubes amenazantes que en cualquier momento podría explotar. De hecho una de ellas se encarga de seguirme día a día, de esperarme en mi portal y flotar sobre mí. A veces me engaña y logró andar un par de cuadras con una sonrisa de oreja a oreja....hasta que aparece y llueve un poquito sobre mi como diciendome "Já, pensaste que te salvarías". Así es cada vez, sólo que los viernes junta a toda su pandilla de nubes negras con la sóla idea de intensificar su mensaje.
Enfin.
Los viernes siempre camino el camino (¿redundante?) más largo para llegar a casa, aquel que recorre las calles mas chicas y antiguas del barrio. Es entretenido, siempre hay algo pintoresco que ver. Incluso una vez ví un gato andado en bicileta...bah! quizás eso sólo fue mi imaginación.
Todo ese laberinto de adoquines desemboca en el gran parque que recorro de un extremo a otro, aunque mi casa queda justo a la mitad. Intento tomar el camino izquierdo del parque, pero no sé porque siempre me voy por la derecha, aún sabiendo que es el lugar favorito de la banda de perros callejeros que me asustan y que mi amigo el del kiosko está al otro lado de la vereda.
Voy caminando, cantando y contando. Sí, contando los autos rojos que pasan a mi lado, cuantos niños logran llegar a lo más alto de la piramide de cuerdas, el número de gente sentadas alrededor de la fuente. El otro día intenté contar el número de hojas que caín a mi paso, pero eran demasiadas, después intenté contar la gente ADULTA que reía en ese momento pero no había ninguno.
Me pasa que todos y sólo los viernes cuento las parejas que van apareciendo...¿Y sabes? ¡Siempre son 13! O a veces cuento 13+1 porque no faltan esos dos que se ven como amigos pero que en el fondo uno ve como las chispas brillan a su alrededor y que se miran de forma especial pero cuando les preguntan obvio que te diran que son amigos.
Y llego a mi casa y son 13 las parejas y me siento el sofá y sigo pensando que son 13 y cierro los ojos y una lágrima corre por mi mejilla y pienso que ver 13 parejas me trae mala suerte, que es una especie de maldición. ¿Acaso yo no puedo ser la número 14 de aquel viernes?
Y así me duermo un viernes a las 5 de la tarde, mientras esa vieja melodía suena cerca de mi oído diciendome "Tranquila Noelia, la Esperanza dice: Quieta hoy quizás sí."
16 abril 2010
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