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24 agosto 2009

El violinista de los mil tejados


Lo más probable, y creo que no exagero al decirlo, es que aquel violinista fuese el primer hombre en levantarse cada mañana y decir “mañana” tampoco es adecuado, puesto que era más de noche que de día cuando él dejaba su cama y corría las gruesas cortinas de su ventana, sonriéndole como cada vez a la luna, que desde ahí siempre era llena.
El violinista vestía pantalones rayados, camisa verde y sombrero de copa. Luego de alimentarse de leche y caramelos afinaba las cuerdas de su posesión más valiosa, su gran tesoro: su pequeño violín. Tocaba una suave melodía frente al espejo, ataba su corbata y salía de su casa, caminando por las vacías calles donde solitarios gatos eran sus primeros espectadores. Él había recibido uno de los mayores dones que cualquiera podría pedir, que muchos creen tener, pero que realmente sólo unos pocos lo poseen...y lo digo, puedo contarlos con los dedos de una sola de mis manos. Él violinista recibió el día de su nacimiento, hace trillones de años atrás, el don de la creatividad. Así cada vez que tocaba su instrumento sonaba una melodía diferente a la anterior, única, irrepetible e inolvidable. Cuando ya el sol llevaba un buen tiempo levantado, él dejaba a los felinos y recorría la ciudad buscando una nueva audiencia a quien tocarle una canción. No era que el los elegía, sino que sólo se inspiraba y dejaba que el arco fluyera suavemente sobre las cuerdas. Cerraba los ojos y sentía casi que su alma dejaba su cuerpo y podía elevarse y volar. Volar y ver que disfrutaban de lo que él tocaba. Ver incluso las notas musicales formando parte de las nubes. Y el viento aportaba el coro con su silbido. Podía durar solo un par de segundas, pero era la mejor sensación entre todas las que jamás llegaría a conocer. Se inspiraba ante árboles, coloridas vitrinas, niños jugando o ante una simple roca de forma y corte normal que chocaba con uno de sus zapatos. Podía tocar ante cualquier cosa, pero el violinista asumía que las mejores melodías eran aquellas que tocaba para los enamorados. Sin embargo, en un acto puro y libre de egoísmo, el violinista tocaba para ellos…pero escondido. Si los encontraba en una plaza, se camuflaba tras un arbusto y tocaba idéntico al cantar de los pájaros del lugar. En cafés y restaurantes se escondía bajo las mesas. La melodía se perdía y mezclaba entre el ruido de vasos, servicios, risas, conversaciones y pasos, pero el sabía que entre todo aquello, los verdaderos enamorados podían captar el mensaje, sentirlo en sus corazones y reflejarlo en sus ojos. El cine era uno de sus lugares favoritos, pues por lo general se llenaba de lindas parejas… ¡Qué tremenda audiencia! El violinista gozaba escondido detrás de la gran pantalla, tocando uno verso para cada par que estuviese ahí, el que llegaba en forma de susurro al oído de cada uno, siempre enmascarado por los diálogos del filme que en realidad nadie miraba. Sólo cuando caía la noche, antes de irse a dormir, podía tocar libremente para los enamorados. Aprovechaba que estaban tranquilos en la mesa, acurrucados en el sofá o durmiendo abrazados junto a la chimenea para subirse a sus techos y desde ahí dedicarles las más bonitas canciones y melodías, que si alguien las expresara en palabras hablarían sólo de rosas rojas, atardeceres, pasiones y eternidad. Contarían historias de finales felices, de princesas dejando de besar sapos y príncipes venciendo demonios y dragones. Hablarían de sentimientos puros, de sensaciones reales y de vencer el odio y la adversidad con el fin de encontrar el amor. Sí, para el violinista sólo existía el amor. Se dejaba llevar por, pero a veces era tanto así que lograba llamar la atención de los amados. Ahí era cuando sus amigas las estrellas cumplían el plan de distracción: antes de que alguno lograra ver al violinista en el techo, pasaban una, dos y hasta 10 estrellas fugaces justo frente a la pareja quienes maravillados se olvidaba del supuesto ruido y sólo pensaba en los deseos que pedirían para los dos. Así el violinista tenía el tiempo suficiente para escabullirse entre chimeneas y callejones y llegar a salvo a su casa. Llegar a salvo a su solitaria casa. Allá donde nadie lo esperaba, donde nadie lo extrañaba, dónde no tenía para quien tocar. Porque el violinista era un ser solitario, porque él se dedicaba a tocar para nubes, para flores, asteroides y enamorados. Les celebraba su amor y a la vez vivía momentáneamente de el. Porque el violinista no estaba destinado a recibir amor propio, por mucho que lo deseara, por mucho que llorara por el, que lo imaginara. Simplemente no parecía estar en su camino, no parecía ser parte de su historia ni en el pasado, ni en el presente ni mucho menos a futuro. Más sólo le quedaba tocar para el resto, sonreír con ellos e imaginar que alguna vez algún violinista estaría tocando para él, alguna vez escondido bajo un grueso árbol. Alguna vez sería él el afortunado, el enamorado y no el violinista ocultando su rostro tras la melodía más bonita de todo el mundo.


16 agosto 2009

DivagAaandoOo

Hoy tengo ganas de escribir, como un antojo, casi desesperante. A algunos les da antojo de
chocolates, antojo de dormir, de soñar..y bueno, a mi también, pero ademas, de escribir.
Y por muy simple que suene..¡Vaya que no! Porque podría escribir en una hoja en blanco
"casa, pato, loca, salto, chao" y aún seguiria con antojoo, viendo el mismo espacio vacío que
al comienzo. Y mis no-lectores pensaran "¿Pero cómo? Si hay palabras, hay tinta en el papel!"
¡Es que es tan distinto! Quiero escribir algo con sentido! ¡Que provoque suspiros! Que haga
reir, que provoque furias, que lo odien, que lo admiran, que no lo entiendan y queden con
esa incertidumbre..la duda de saber el significado..y mejor aún si cada no-lector le da el
suyo. Misión cumplida.

Y aqui sigo, con las mismas ganas, pero sin ninguna idea (buena), porque algunas salieron,
pero murieron al instante aplastadas por el peso de grandes borrones rojos. Y pienso que es
mala educación escribir con rojo, pero tampoco estoy escribiendo, hasta que sea algo
coherente y tampoco me siento ofendida por leerme en rojo, no sí quizás un poco, pero filo. No problems, me da lata buscar otro lapiz.

He hecho lo tipico que creo que los grandes escritores hacen para escribir: mirar por la
ventana, cerrar los ojos, dejar la mente en blanco, tomar café, dormr para ver si la gran idea
aparece en sueños y desperté igual, o peor porque ahora ademas estoy despeinada y con
cara de tuto. ¿Y si pongo play? En una de esas la música me ayuda. ¿Es eso robar? ¿Quitar la
inspiración de (otros) artistas? Y en todo caso..la inspiracion, se hace o uno nace con ella?
que de chiquito vienes con las grandes ideas en alguna parte del cerebro.
Whatever, igual apago la musica, un poco de envidia, de esa gente que si sabe como escribir.
Que a ellos se les ocurren las palabras precisas..y a mi no. Y bueno, igual otras letras son cualquier cosa..y venden igual. Entonces si yo escribo cualquier cosa, tendría ese tremendo éxito? Si así como va todo...la locura es normal! la locura vende! la locura no miente! El cuerdo es el loco y el loco es un ídolo, un crack.

Ahora creo que me pase la mejor idea hace rato. Alguien llame a un doctor! ¡Necesito rescatar a "casa, pato, loca, salto, chao" de los escombros!
Espero no sea muy tarde.

¡Y creo que el antojo se fue! Bipolar, porque esto tiene de todo menos significado y coherencia. Pero da, me sirvio y ahora se me antoja dormir, pero no soñar.

Good Night.

Bizarro

Te cuento una historia?
Anoche mi cielo se tiñó de verde.
¡Si era verde! No azul, ni celeste ni negro ni gris.
¡Verde, verde, como el pasto que pisas,verde!
Le pregunte a una sra que pasaba por mi lado si ella veía lo mismo que yo.
Me miró raro, pensé que tenía algo en la cara. Ella se fue, sin responderme nada.
¡Qué falta de educación!
Camine un poco más, los faroles se encendían a mi paso y, sin embargo, no se reflejaba mi sombra...ni la de nadie!
Extraño. Una niñita de trenzas rubias saltaba la cuerda en su jardín. "Disculpa - le dije- ¿Acaso no te extraña no tener sombra? ¿Dime quien te acompaña ahora?
¿Con quién conversas antes de apagar tu lamparita?" La pequeña comenzó inmediatamente a llorar, corriendo entró a su casa.
Mientras me alejaba escuché que decía: "Mamita, una niña loca pregunta locuras locas por ahí".
No entiendo nada. ¿Entonces nadie ve el cielo verde (¡Y ahora esta lleno de estrellas fugaces que chocan la una con la otra!WOOW!)
¿Nadie extraña la muda compañia de su sombra? Y si se supone que los niños nunca mienten...¿Estoy volviendome loca?
Me empecé a preocupar y creo que se me notaba en la cara, puesto que doblando la esquina un vagabundo me detuvo.
"No te asustes, yo el cielo lo veo púrpura y las estrellas salen de día." Me quede congelada...¡No eran visiones mías!
"¡Y es que la gente ahora no tiene nada de imaginación!" exclamÓ el hombre,desapareciendo de la nada.



(Y ahora que lo pienso tranquila en casa, es que aquel hombre de verdad existio?

Sobre una niña llamada Lucía

Lucía era una niña sólo un tanto diferente. Al contrario de cualquier otro, ella había vivido sola toda su vida, en una gran casona de esas antiguas, de esas que pintaban los artistas hace muchisimos años atrás. A ella le pertenecían todos los cuartos de la zona oeste (los cuales eran incontables, incluso habían algunos escondidos de los que nadie sabía nada). Ella nunca dejaba su “pequeño reino” como solía llamarlo, ni tampoco nadie entraba jamás...¿Y para qué? Si cada uno tenía lo que necesitaba por su lado.
Así Lucía no conocía otra forma de vida que no fuese en su minimundo, en su soledad. Despertar y saludar al reflejo que la recibía cada mañana desde el espejo dorado. Desayunar junto con Molly, la muñequita de porcelana de vestido azul y ojos pardos. A veces salía a uno de los tantos balcones para ver las nubes...¡Qué divertidas formas! ¡Qué alucinantes los colores del otoño! Cuando llovía pegaba sus orejitas a la ventana, esperando captar los mensajes que llebavan las gotitas de lluvia que rebotaban...no siempre lo lograba, pero alguna vez creyo escuchar que ellas ya estaban un poco aburridas de repetir el mismo viaje una y otra vez, que del cielo al suelo, que a vapor que al cielo que de nuevo al suelo! A Lucía le parecio esto muy cómico, jaja.
En toco caso, ella a veces igual se cansaba de su rutina..digo, ¿cualquiera no?de
Por eso es que cambiaba ciertos detalles para no ser consumida por la monotonía: levantarse de vez en cuando por el lado izquierdo de la cama, poner dos cucharaditas de azucar a la leche y no tres y a veces usar los calcetines disparejos..que combinación de colores más genial!
Y aún así Lucía tenía un gran temor..ante tanto silencio le asustaba la idea de perder la voz! ¿Se imaginan no hablar nunca más, no escucharse nunca más?
Por eso solía de vez en cuando cantarse canciones, lo hacía mal..pero y bah! Era lo de menos! Como eran pocas las que conocía, también se contaba cuentos desde clasicos como el de la casita de dulces y el gigante que vivía en las nubes, hasta pequeñas historias inventadas al momento..que escribía en servilletas color rosa, ocultas en una caja blanca bajo su cama la cual estaba cubierta por un edredón celeste de plumas de pata que ella juraba que eran de ave fénix.

Y así como todos Lucía alguna vez tuvo que salir, dejar la burbuja y entrar a lo que ella llamaba “el gran mundo” lleno de sonidos extraños y fuertes, de mucha gente, de mucho movimiento, de mucho todo y nada de lo que tenía antes.
Y así intento vivir, adaptarse al gran salto..¿Y si no era lo suficientemente fuerte para resistir?

Y puede que te preguntes que sucedió...
y es que no lo sé!
Historia inconclusa..final abierto,
y es que en todos nosotros vive un alguien así..
asique dime tú?

¿Cúal es el final?
 

Sample text

A veces la vida nos tira al suelo, nos hace pedazos, nos hace pensar que no somos nada de nadie, de ninguno. Entonces abre tu Cajón de Cuentos y lee una historia, cree ser parte de ella y date cuenta que todo es posible, que la vida no es sueño que sólo falta un intento..y si caes debes levantarte, que siempre habrá una palabra ahí para ayudarte.

Sample Text

C'est comme une aventure qui nous laisse sur nos fins