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12 diciembre 2008

El Cartero

Anoche un viejo cartero tocó mi puerta. ¿Sabes? Al principo, me asustó.
Tenía un aspecto calavérico, la piel casi transparente, las mejillas hundidas y
su uniforme de institución sucio y raído. Pero fue la primera impresión pues
luego me provocaba hasta cierta tranquilidad. A pesar de la descuidada
apariencia, parecía irradiar una luz que lo purificaba. Quice invitarlo a pasar,
como que necesitaba una taza de café o algo de comer. Me rechazó todo,
diciendo que tenía que cumplir con su trabajo. Así, sin atraversar el umbral de
mi casa, me entregó una carta amarillenta que llevaba tu nombre en el lugar
del remitente. ¡Qué extraño! Si hace mucho que habíamos cortado cualquier
contaco, osea, tú lo habías hecho, tú dejaste de buscarme, me evitastes.
luego de aquella pelea. ¿Y ahora me mandabas una carta? EL cartero me pidio
disculpas, me decía que había tenido un par de problemas que habían
provocado semejante atraso. Supuse que se refería a la hora, pues ya era
cerca de medianoche. No aguantaba verlo tan desprotejido asique lo invite a
pasar y fui a la cocina a buscar algo para darle de comer. Sin embargo a mi
regreso ya no había nadie. Salí hasta la esquína, pero la calle ya estaba
vacía. ¿Raro no? Volví a leer tu carta...y quedé en blanco. Esta estaba datada
de hace unos 3 años atrás. En ella me decías de lo arrepentido que estabas
sobre la discusión de esa noche, de como los días siguientes no habias
juntado el valor para llamarme, que te sentías un idiota por todo lo que habías
dicho. Aunque estabamos en la misma ciudad te parecio que la carta sería
una forma mas romántica de pedirme perdón y me pedías que, si queríamos
estar juntos, nos vieramos al día siguiente en nuestra plaza, el lugar de
siempre, que si no me presentaba entenderías el mensaje. Shock. De verdad
que no podía creerlo.Apenas abrieron las puertas, corrí donde el gerente del correo para poder
hablar con el cartero que me había visitado. Se lo describí con lujo de
detalles, pero el gerente no sabía de que empleado se trataba. Lamenté no
haber preguntado su nombre. Salía decepcionada, cuando lo ví en el pasillo
central de la oficina de correos. No físicamente, sino que en una foto en una
placa puesta en uno de los muros del lugar. Lo reconocí inmediatamente,
porque hasta en imagen paecía estar presente la luz que percibí cuando
estuvo en casa. Lucía si mas rellenito y con una sonrisa afable.Y la placa decía: "En memoria del hombre que dedicó su vida al servicio de
correspondencias, que vivio y murio cumpliendo su trabajo. Muerto en
accidente automolistico mientras realizaba entregas. Q.E.P.D"

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A veces la vida nos tira al suelo, nos hace pedazos, nos hace pensar que no somos nada de nadie, de ninguno. Entonces abre tu Cajón de Cuentos y lee una historia, cree ser parte de ella y date cuenta que todo es posible, que la vida no es sueño que sólo falta un intento..y si caes debes levantarte, que siempre habrá una palabra ahí para ayudarte.

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C'est comme une aventure qui nous laisse sur nos fins