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12 diciembre 2008

si se tropieza dos veces con la misma piedra.

La cita ya esaba arreglada para el mediodía. Ella había intentado todas las tácticas posibles para intentar mantenerlo a su lado, para reconquistarlo. Pero, aún así, él la engañaba. Y no sólo con una, sino que eran varias las que suspiraban y compartían el lecho con él, con su novio. Lo supo un día que lo vio entrar a una casa que no era la suya, con una mujer que no parecía nadie de su familia, dada la forma apasionada con la que se besaban, desesperados por estar en privado. Paradojicamente, pensó que la culpa era de ella, que quizás no estaba entregando lo suficiente y decidio que esa noche ella lo haría mejor. Preparó el ambiente: velas, música, flores, la vestimenta adecuada y la satisfacción de ver su tremenda cara de sorpresa a su llegada. Una cena romántica, una conversación agrdable, una noche de lujuria. "Listo, problema solucionado" pensó. Pero la historía no termina así. Él se comportaba como todo un caballero con ella, vivían bien, eran felices, se amaban, nunca discutían. Sin embargo, él no podía dejar su doble vida. Era un tipo anti-rutina, odiaba lo monotono que se volvía la vida en pareja y necesitaba de vez en cuando (tal vez demasiado seguido) esa cuota de adrenalina, de quizas ser descubierto, de vivir aventuras con una y otra. Los lugares, el cambio de persona. Y sí, también había un cuento de personalidad de por medio, le gustaba ser el centro de atención, caminar por la calle y saber que era deseado, que tenía todo para conquistar a quien quisiera. Amaba a su novia, pero necesitaba a otra a la .vez. ¡Qué loco! Suponía que el secreto no duraria mucho tiempo y estaba en lo cierto pues ella ya lo sabía todo, estaba enamorada, pero eso no la convertía en idiota. Los mensajes del celular, el perfume que no era de ella y las salidas de noche y frecuentes "viajes al extranjero" fueron las migajas que la llevaran derecho a la cama de los amantes.No podía seguir forzando más. No podía seguir comportandose así. ¿Como tanto el sufrimiento al que se obligaba a pasar? Era hora de preocuparse de ella misma y nadie más, dejar su faceta amable y hacerse respetar. Mas que nada, era un asunto de dignidad. De hecho, ya había tenido estas ideas antes, pero era la primera vez que verdaderamente se decidía a hacerlo.

Terminaba su café cuando él llegó. Aún estando de espaldas a la entrada, se percató de su presencia puesto que varios mujeres volteaban o reían haciendo comentarios con sus amigas, era usualmente la forma en que era recibido en cualquier lugar.Él le besó suavemente la mejilla y se dispuso a sentarse frente a ella

.- Tengo que decirte algo. - le dijo ella.

Estaba lista para proclamar el discurso que desde hace varias noches había pensado. Las palabras estaban elegidas cuidadosamente, el mensaje era claro, sin indirectas ni claves entre líneas. Nada podía salir mal.Mientras ella ordenaba los últimos detalles mentalmente, él le acariciaba las manos y la miraba profundamente a los ojos, diciendo palabras bonitas, que sólo eran para ella. En segundos se desmoronó lo que había construído en las horas de desvelo, desaparecieron todas las demás, se esfumó el restaurant donde estaban, sólo existína ellos dos. Volaban a su cabeza todos los buenos recuerdos, los viajes y las citas. Muy en el fondo de su mente, parecía haber un eco que le repetía: "no caigas, lo conoces, sabes que tiene el don de la palabra, que sabe que hacer, que decir."Se autoconvencio que esas palabras, provenientes de su lejana conciencia no existían, se olvidó (o eso quiso) del porqué lo había citado a tomar un café, el mundo volvía a ser rosa y ellos era el principe y la princesa del cuento feliz.

- ¿Y que era lo que me tenías que decir?
- Que te amo. Eso, que eres el mejor, que te amo.

(no me gusta. me gusta el titulo y la idea central..peroo no me gusto como quedo todo..pero tngo sueño y no me da para arreglarlo ahora, quizas lo reescriba mñna.)

Sin título definido

La tenue luz del encendedor liquidó por un par de segundos a la oscuridad
que caía sobre el barranco aquella noche. Abajao, muy abajo, las olas
estallaban fuerte sobre las rocas, sin piedad, una trás otra, como si supieran
que algo estaba por pasar. Como niños anciosos corriendo un día antes de
Navidad. Lucía encendio un lucky, el último de su cajetilla, quizás el último de
su vida, y se sentó en un banquito desarmado un par de metros más atrás. Temblaba y el maquillaje negro que manchaba sus mejillas era la prueba de
las lágrimas que habían escapado hace un rato. Intentaba pensar en otra
cosa, cualquiera que no fuese la razón por la que estaba ahí. Pero era
inevitable. ¿Sería doloroso? Quizás debía pensar un poco más, planear todo
mejor. Suspiró. Era tan típico de ella lo de arrepentirse cuando estaba a punto
de hacer algo..!y este algo si que era grande! El gran final. "Si es que alguien
se acuerda de mí", pensó. Ya nada importaba de hecho, su vida habíar sido
caotica y desastrosa, no había sabido de su familia en mucho tiempo y sus
amigos ya no la llamaban. Ella tampoco salía de su casa, era un zombie que
no hacia más que pasear por su deparamento, ni siquiera su viejo gato se
acurrucaba con ella como antaño.Caminó lentamene por la orilla. Era un panorama macabro, como calculaba y
escogía el mejor lugar para el salto. LLebava una carta que dejaría por ahí.
Nuevamente arrepentimieno. La rompio en mil pedazos y dejó que el viento
se llevara sus últimas palabras, que probablemente tampoco nadie leería.
Cerró los ojos para escuchar el mar, cuando se percató de otro ruido que se
colaba entre el llamado de las olas. Una voz masculina que gritaba "¡Lucía! ¡
Lucía! ¡¿Lucía dónde estás?!" Ella no alcanzó a esconderse y la figura de un
hombre alto, de ancha espalda y ojos verdes que aún así brillaban en la
oscuridad, aparecio de la nada. De todas las personas que Lucía pensó que
podrían preocuparse, él era sin duda el último de la lista. Después de toda su
"no historia de hadas", del dolor y los malos recuerdos, él era quien
desesperadamente había pasado varios dias buscandola. ¿Un inconveniene en
lo planeado o es que la vida le esaba dando otra oportunidad? Como siempre,
Lucía no sabía bien que camino elegir.

(estaba pensado para continuarlo..pero no sirvo para los cuentos largos..y queda con final abierto, listo para la imaginacion del lector, ajajaja que pena, estoy dejando que ellos terminen el trabajo que yo debería hacer!)

El Cartero

Anoche un viejo cartero tocó mi puerta. ¿Sabes? Al principo, me asustó.
Tenía un aspecto calavérico, la piel casi transparente, las mejillas hundidas y
su uniforme de institución sucio y raído. Pero fue la primera impresión pues
luego me provocaba hasta cierta tranquilidad. A pesar de la descuidada
apariencia, parecía irradiar una luz que lo purificaba. Quice invitarlo a pasar,
como que necesitaba una taza de café o algo de comer. Me rechazó todo,
diciendo que tenía que cumplir con su trabajo. Así, sin atraversar el umbral de
mi casa, me entregó una carta amarillenta que llevaba tu nombre en el lugar
del remitente. ¡Qué extraño! Si hace mucho que habíamos cortado cualquier
contaco, osea, tú lo habías hecho, tú dejaste de buscarme, me evitastes.
luego de aquella pelea. ¿Y ahora me mandabas una carta? EL cartero me pidio
disculpas, me decía que había tenido un par de problemas que habían
provocado semejante atraso. Supuse que se refería a la hora, pues ya era
cerca de medianoche. No aguantaba verlo tan desprotejido asique lo invite a
pasar y fui a la cocina a buscar algo para darle de comer. Sin embargo a mi
regreso ya no había nadie. Salí hasta la esquína, pero la calle ya estaba
vacía. ¿Raro no? Volví a leer tu carta...y quedé en blanco. Esta estaba datada
de hace unos 3 años atrás. En ella me decías de lo arrepentido que estabas
sobre la discusión de esa noche, de como los días siguientes no habias
juntado el valor para llamarme, que te sentías un idiota por todo lo que habías
dicho. Aunque estabamos en la misma ciudad te parecio que la carta sería
una forma mas romántica de pedirme perdón y me pedías que, si queríamos
estar juntos, nos vieramos al día siguiente en nuestra plaza, el lugar de
siempre, que si no me presentaba entenderías el mensaje. Shock. De verdad
que no podía creerlo.Apenas abrieron las puertas, corrí donde el gerente del correo para poder
hablar con el cartero que me había visitado. Se lo describí con lujo de
detalles, pero el gerente no sabía de que empleado se trataba. Lamenté no
haber preguntado su nombre. Salía decepcionada, cuando lo ví en el pasillo
central de la oficina de correos. No físicamente, sino que en una foto en una
placa puesta en uno de los muros del lugar. Lo reconocí inmediatamente,
porque hasta en imagen paecía estar presente la luz que percibí cuando
estuvo en casa. Lucía si mas rellenito y con una sonrisa afable.Y la placa decía: "En memoria del hombre que dedicó su vida al servicio de
correspondencias, que vivio y murio cumpliendo su trabajo. Muerto en
accidente automolistico mientras realizaba entregas. Q.E.P.D"
 

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A veces la vida nos tira al suelo, nos hace pedazos, nos hace pensar que no somos nada de nadie, de ninguno. Entonces abre tu Cajón de Cuentos y lee una historia, cree ser parte de ella y date cuenta que todo es posible, que la vida no es sueño que sólo falta un intento..y si caes debes levantarte, que siempre habrá una palabra ahí para ayudarte.

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C'est comme une aventure qui nous laisse sur nos fins