Se despertó temprano ese día, engañandose a si mismo, convenciendose de que sería uno de esos buenos lunes. Anoche, entre las sábanas de seda de su amante de turno y con varias copas de whisky circulando por sus venas, había decidido que rompería con su novia. Llevaban bastante tiempo, pero los momentos lindos, los recuerdos románticos eran unos pocos al lado de las constantes peleas y mentiras. Él sabía que ella también tenía un amante, pero uno permanente, eso era lo que más dolía. Pudo haber terminado con ella en ese mismo instante, cuando los vio besandose en el restaurant donde tuvieron su primera cita.Y sin embargo, "la venganza es dulce" dice el refrán y él quizo probarlo. Así fue cayendo de brazo en brazo, de boca en boca, de cama en cama, sin decirle nada a su novia, actuando para que todo pareciera normal, estirando la relación hasta el límite, hasta el lunes.
La cita era a las 11, hora habitual, pero ella era impuntual. Sabía que tenía el tiempo suficiente para cruzar a tomar un café en el local de la esquina, pero prefreía esperar allí y terminar rápido con todo. A medida que avanzaban los minutos, empezaba a sentirse extraño, casi como si lo estuviesen observando. ¿Paranoia? Se estiró el traje gris que se arrugaba con el fuerte viento y se soltó el cuello de la corbata. Ahora las sensaciones iban en aumento, sentía un sudor frío corriendole por la espalda y la idea de un vigilante parecía cada vez mas real. Miró hacia una esquina, sin reconocer a nadie, cuando iba a fijarse por el otro lado...todo se volvio negro. Alguien lo había cegado con un pañuelo. Pensó que era su novia, quizo preguntar el porqué de la...¿sorpresa?. Ella le tomó las manos, lo giró. Él se dejó llevar, sin quejas ni objeciones. Estaba intrigado pero también disfrutaba de esa cuota misterio. De repente, ell lo besó.
Ahí fue cuando entendió, ella no era su novia, no podía serlo. Sus manos, su silueta, sus labios. Eran diferentes, especiales, desconocidos.
Fue un momento tan corto, tan mágico...no quería acabar,no quería separarse jamás. Fue él quien tomo las riendas de la situación, la sujeto fuerte de las manos. El mensaje era más que claro: "¡No! ¡No te vayas!". Ella sólo le regaló un suave beso en la mejilla y partió. Pudo escuchar el sonido de sus tacos en el cemento, al tiempo en que desataba el misterioso pañuelo negro y blanco que todavía conservaba su fragancia.
Cada segundo de esa aventura había quedado grabado en su memoria, era como una vieja película que se repetía una y otra vez, provocandole los mismas sensaciones, los mismos deseos de volver a estar con ella. Todavía tenía estas ideas dándole vuelta en la cabeza, cuando, por fin divisó a su novia acercandose para la ya olvidada cita.
Cada segundo de esa aventura había quedado grabado en su memoria, era como una vieja película que se repetía una y otra vez, provocandole los mismas sensaciones, los mismos deseos de volver a estar con ella. Todavía tenía estas ideas dándole vuelta en la cabeza, cuando, por fin divisó a su novia acercandose para la ya olvidada cita.

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