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27 mayo 2008

Un falso adiós

Recordaba perfectamente aquel día. Era temprano, cerca de las cinco de la tarde, pero ya estaba bastante oscuro, había una ligera neblina y no paraba de llover. Ella stabande espaldas sobre la cama, mirando el techo, pensando en nada. O por lo menos intentandolo pues había algo que la tenía intrigada, presentía que algo estaba por suceder. Se levantó nerviosa y, de forma inconsiente, se acercó a la ventana. Afuera parecía el gran diluvio, no parecía haber nadie, además de un perrito vago refugiandose bajo un frondoso árbol de la cuadra. Un farol estaba pestañando y los haces de luz se mezclaban con la niebla haciendo que todo se viera difumado. Iba a correr las cortinas y dormir por un rato, tal vez sólo estaba cansada y su cuerpo le pedía algo de reposo. Trás unos segundos se percató que había alguien frente a la reja de su casa. Era él, vistiendo su típico polerón negro que lo camuflaba en el mismo ambiente. Ella hice un intento de sonrisa, no es que le molestara verlo ahí parado, sino que aún sentía esas como hormiguitas andando por su estómago, esas sensaciones invasoras que nada tenían que ver con el amor.



Bajó corriendo las escaleras saltando los últimos peldaños. Salió sin siquiera mirarse al espejo, arreglarse ni tampoco abrigarse de la helada hinvernal. Iba a pasar la llave por la cerradura, pero él la detuvo, tomandole la mano tán solo por un segundo, un gesto frío, no precisamente por el clima en particular. ¿Qué pasa? le preguntó. Nada, sólo prefiero que no me toques. Es mucho más fácil partir sin saber ni rememorar las cosas que ya no vas a tener. Ella lo miró perpleja. Hizo oídos sordos a sus palabras y trató de abrazarlo a través de los barrotes de la reja. Él, sin embargo, dio un paso atrás y se alejó. Al acercarse un poco al rayo de luz ella se percató de una pequeña lágrima que corrio por las mejillas de su novio. Ella no entendía nada, él quería explicarle, pero no podía, simplemente las palabras no salían..pero como..¿porqué no podía contarle lo que sucedía, si las palabras para hacerlo se podía decir? Ahora era ella la que empezaba a llorar, le decía una y otra vez, le preguntab e insistía en que le dijera algo. Él estaba sumergido dentro de su propio pensamiento, tratando de alcanzar la orilla y por lo menos decirle la verdad. Es que sabés...tengo que irme, lejos, muy lejos. Fue lo único que atinó a e decir. Ella se torno aún más pálida de lo normal y tiritaba fuerte y, de nuevo, no por frío.

Él sólo quería abrzarla. cobijarla, besarla, pero sabía el daño que le causaría y también al él mismo. No quería saber que era lo que extrañaria con tanto anhelo, de volver a compartir esos momenos de amor, de locuro y de silencio. De todo lo que vivieron juntos, había sido la primera y el pensaba que era "un para siempre". Así es la vida, toma curvas inesperadas y ahora era solo el momento del adiós. Incluso había pensado en sólo desaparecer, para no verla llorar, no verla en el estado en que estaba ahora, sentada en el jardín, con la mirada perdida y el maquillaje ya corrido. ¿Puedo saber un porqué? ¡Dame una razón! A veces es mejor no saber las razones, te digo que ni yo las tengo muy claras tampoco, pero es algo que debe pasar, que debe ser así, puede que nos volvamos a encontrar y puede que no. Juguemos a dejarlo en manos del destino, asi si vuelvo y si tú también lo haces quiere decir que siempre fuimos el uno del otro. No pienses en mí, no me recuerdes ni me extrañes. Vive la vida y sé feliz, yo también lo intentaré.

Sabes que te quiero y mucho...pero no sé..creo que esto, por ahora es lo correcto. Puede que sea un adiós o quizás solo un hasta pronto, pero es una despedia para mejor, eso te lo aseguro.

Sin siquiera esperar una respuesta, él le dio la espalda y cruzo la calle hacia la vereda del frente. Así contemplo por última vez a quién alguna vez llamó "el amor de su vida", pero la vida gira y gira y el tiempo le enseño que las cosas no eran tan así como creía. Lo más probable es que no volvería, pero tampoco quería verla sufrír. Reconozco que fue una notable actuación, la convencí, se lo tragó. A veces las mentiras blancas son el mejor salvavidas, pensó. Sacó de su bolsillo un cigarro y camino hasta la esquina. Ella por mientras aún estaba inmóvil, sentada en el pasto del jardín delantero, procesando el mensaje recién recibido, sin poder, sin querer creerlo. Sin imaginar tampoco que allá en la esquina, aún estaba él, aún fumaba su cigarrillo que la lluvía amenazaba con apagar, que la niebla ya mas densa escondía a una mujer rubia que le sujetaba la mano, que recibía los besos de aquel hombre cuyos labios ella jamás volvería a besar.



Si que me salen productivas las hras de frances!
Muy enredado...no se, quería escribir una linda y tierna historia de amor y termino en esto.
Ahora que lo leo yo tmb me enredo bastantee.
Enfin..es lo del momento.



Valee.
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18 mayo 2008

Y corrio dejando todo atrás
y lloró intentanto olvidardeseando que las lagrimas barrieran con sus caricias
y que la niebla de la noche se llevara sus promesas,
sus mentiras.

Y corrio dejando todo atrás.
Asquiada de haberse dejado llevar.
De haber creído sus palabrasy ciegamente tomarle la mano, seguirlo sin dudar.

Y corrio dejando todo atrás.
las cartas rotas en el cajón
las rosas marchitas aún en el jarrón.
Los dulces sin abrir e incluso el osito de felpa de aquel primer mes.

Y corrio dejando todo atrás.
esperando que la lluvia la limpiara de sus abrazos,
olvidarse de sus besos,
de aquellos encuentrosde lujuria y pasión
de aquellos amaneceres que vieron juntos desde el balcón.

Y corrio dejando todo atrás
las risas, las peliculas, as tazas de café.
El sueño que imaginaron juntosy las sonrisas al conocerse una tarde de abril.

y corrio dejando todo atras.
Las viejas fotografías donde ya nadie las verá,
y la imagen del principe perfecto...
pero de frio cristal...

Y corrio dejando todo atras
las sensaciones que le producía,
la euforía, el deseo, la pasióny al final...la soledad.

Y corrio dejando todo atrás
el susurro de su voz,
los paseos bajo la luz del sol
y hasta el aroma que alguna vez en su habiatación dejó.


Sólo corrio queriendo dejar todo atrás.

04 mayo 2008

El viejito del café

Ella disfrutaba de las tardes de otoño, aquellos días grises con un ligero viento que la acompañaba en sus largos paseos solitarios. Las calles solían estar vacías, al parecer, no mucha gente compartía sus gustos. Pensaba, mientras se subía el cuello de su abrigo negro, lo agradable y relajante que eran sus caminatas, pero que sería interesante también hacerlas con alguien. No debía necesariamente ir conversando sobre algo, a veces con el silecio en sí se puede decir mucho más, hay que saber encontrarle un significado.
Después de avanzar un par de cuadras llegó a la plazita donde siempre se daba un descanso. Como de costumbre, el único local que habría el domingo, aunque practicamente nadie llegara, era el cafecito de la esquina. Su dueño, un viejito canoso y encorvado, la esperaba ya con una taza de café cargado, dos terrones de azucar y un poquito de leche. Juntos se sentaban en un banquito de la plaza, con vista a la gran pileta. Él le contaba de su época, alguna historia del baúl de los recuerdos. Ella escuchaba y a veces aportaba con algún dato interesante o una anécdota personal. Cuando se sentaban bajo la sombra del castaño, las barreras generacionales desaparaceían y el tiempo parecía detenerse para los dos. Era un lapsus que rompía con la monotonía del día y les permitía desconectarse de sus propios problemas y preocupaciones. Y cuando parecía no haber un tema, o simplemente preferían dejar algo más para la siguiente ocasión, se dedicaban a mirar el cielo, buscar formas entre las nubes, como si fueran dos niños, como si los años no hubiesen avanzando y ellos aún tuvieses esa ingenuidad que les permitía creer que todo era posible. Cuando no había de que estresarse y la vida era tan solo sobre juegos y travesuras, sobre buscar tesoros enterrados en la tierra o escapar de los monstruos que se escondían entre los arbustos.
El leve tintineo de las primeras estrellas le avisaba que ya debía volver. Juntos caminaban hasta el cafecito, donde él siempre le regalaba una de sus galletas de chocolate caseras, sus favoritas. Se despedía y ella partía cuesta arriba. Deseaba que los minutos se paralizaran, que la noche no cayera jamás, que esa especie de recreo se extendiera eternamente. Claro que las cosas no funcionaban así, no podía zafarse así como así de la rutina, ni ocultarse bajo la cama cuando las cosas no iban bien, sólo podía soportar hasta el domingo, aferrandose a la imagen del viejito y el café cargado de siempre.
 

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A veces la vida nos tira al suelo, nos hace pedazos, nos hace pensar que no somos nada de nadie, de ninguno. Entonces abre tu Cajón de Cuentos y lee una historia, cree ser parte de ella y date cuenta que todo es posible, que la vida no es sueño que sólo falta un intento..y si caes debes levantarte, que siempre habrá una palabra ahí para ayudarte.

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C'est comme une aventure qui nous laisse sur nos fins