
¿Y cuando dejó de molestarme estar sola?
Justo en el instanté que la conocí.
Sí, a ella. Aquella sombra que no se despega de mí. Somos una, somos ninguna.
Adoro cada segundo que pasamos juntas, caminando calles vacías, hablando de tardes nubladas.Tarareando esa vieja melodía que solíamos cantar cuando no teníamos nada que hacer.
Sí, es mi sombra y no la quiero dejar partir.
¿Recuerdas cuando jugabamos a las escondidas?
Yo contaba hasta cien...1, 2,3...tú te perdías...20, 27, 29...las nubes llegaban... 42, 50, 68...El viento corría...98, 99, 100...¡Salí! No te veía. Subí al manzano más grande entre todos los manzanos habidos y por haber y aún así no te econtraba. Ya me desesperaba, no estabas, no estabas, ¿Dónde estabas? Cuando la primera lágrima quería aparecer, el sol pensaba en mí. Como no quería verme así, te hacía salir. Y mi sonrisa regresaba y la tuya también.
De la mano corríamos a dormir, antes que la luna cayera y nos convirtiera en comunes estrellas. Y cuando despertaba asustada, encencía la luz y nuevamente estabas junto a mí.
Y me narrabas un cuento, contábamos ovejas y volvíamos a tararear esa vieja melodía, hasta lograr dormir.
Ha pasado más de un siglo y aún sigues aquí y ¡vaya que me haces feliz!
Porque no quiero estar sin tí, porque eres mi sombra, mi yo, mi vida, mi sueño.
Porque juntas somos una, somos ninguna
Y dejó de molestarme el hecho de estar sola
justo cuando te conoci...sí a tí...

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