Iba muy absorta en mis pensamientos que casi no alcanzo a percatarme de que el metro había parado en mi estación. Me hago espacio entre la multitud, empujones por aquí, “me disculpa”, “permiso, gracias”. Alcancé a salir justo antes de que la puerta pudiese aplastarme, ganándome una fuera morisqueta de parte del guardia de amarillo. No importa, es un lindo día, siento buenas energías, algo que se aproxima.
Por una cosa de instintos, decidí caminar hacia la salida opuesta a la utilizada de costumbre. Mi canción favorita fuerte en mis oídos y el sol brillaba en el cielo. ¡Qué maravilloso! Sonreí. La cabeza en alta y creo que hasta cantando en susurros, un intento de contagiarle mi alegría al mundo. Como nunca el paradero rebosaba de gente, universitarios, madres y niños, un anciano, dos parejas, cuatro amigas gritonas y creo que algo así como un pokemón. Era viernes, venía el fin de semana, pero aún así todos lucían cansados, acalorados. Pasé al lado de la fila, intentando hacer contacto con alguien, queriendo decirle con la mirada “¡Oye! Está todo bien, despéinate por la vida”. Llegué a la esquina que justo me dio el verde para cruzar.
Apenas había alcanzado la vereda del frente cuando me pareció escuchar que me gritaban…o quizás no, quizás efecto de la música. Seguí caminando y ahí sentí que me tomabas del hombro. Que vergüenza mi cara, me la imagino una mezcla entre felicidad, sorpresa y shock, porque sabes, en ese mismo momento te encontré muy guapo, pelo castaño, ojos brillantes, bonitas facciones. Es tan cursi, pero hasta me pareció sentir las famositas maripositas.
- Disculpa.
Me saqué un audífono para poder escucharte. Tenías un tono de voz agradable, firme. ¿Sabes que fue lo que me cautivó? Me mirabas directo a los ojos, pero no era algo psicópata. De hecho, estabas jugando a mi juego. ¡Intentabas hacer contacto visual! Compartir algo conmigo sin ni si quiera mencionarlo.
-Disculpa.
-Sí, lo siento.
-Mira, venía caminado atrás de ti y note que perdiste algo.
Te miré algo extrañado e instintivamente toque los bolsillos del pantalón: llevaba el pase, el celular, el reproductor. Mi sweter amarrado en la correa del bolso y las llaves y billetera en su bolsiollo.
-¿Tienes todo?
- Sí, creo que sí, de verdad…amm, creo que no fue a mí.
(¡Qué lástima!)
-No, si fue a ti. Ten.
Tras tu espalda escondías un pequeño ramillete. Flores blancas y amarillas, amarradas con un cinta plateada y papel celofán. Me tendiste el bouquet pero yo estaba un tanto paralizada, sin siquiera atreverme a tomarlas.
-¿En serio?
- Sí, son tuyas, son para ti..de mí, sí de mí para ti. Soy Matías.
- Valentina. Bueno, eeeh… gracias de verdad, que lindo gesto.
A pesar de esto aún no atinaba a tomar el regalo. Al finalmente hacerlo sentí el roce sumamente ligero, hasta tímido de tus dedos muy por la superficie de mi piel.
- Oye, no sé…que decirte, que bonito, muchas gracias. ¿Vives por aquí?
En ese momento perdiste el dejo de incertidumbre que había invadido tu semblante. Creo que por primera vez te vi respirar tranquilo.
-Sí, hace un par de meses. Dos cuadras hacía el parque.
- Yo vivo 3 hacia allá. ¡Somos como vecinos!
Sonreímos a la vez. Y a la vez miramos al suelo, escondiendono un poco nuestros repentinos sentimiento.
-Oye Valentina, te parece si vamos por un café.
Esto era totalmente nuevo para mí, totalmente de las películas que trago a diario.
-Sí vamos.
No fue un movimiento mio, tampoco de él, fue algo inherente, que nos tomamos de la mano y caminamos al cafesito de Santa Isabel.
“…ción Santa Isabel. Permita descender del tren antes de subir”
Abrí bruscamente los ojos. ¡Auch, esta es mi estación! Otra vez volví a dormirme apoyada en la ventana del vagón.
27 noviembre 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
