Reuerdo haberla conocido en algún momento, no sé si en esta vida, tal vez en la pasada o en la anterior a esa. Aunque ya han corrido los siglos desde nuestro encuentro, sigo guardando su imagen en mi memoria. Creo también tener una fotografía, ya roñosa y desteñida. La guardo en un cajita de cristal, que guardo a su vez en mi cofre de caoba. Es que es mi mayor tesoro, no quiero perderlo. Te pregunto: ¿Quién más tiene una foto así de linda de Luna? Sí ese su nombre, Luna. Una niña bastante peculiar. Pálida y algo rechoncha, la carita cubierta de pecas que le daban un aire de pureza e inocencia. Llevaba un precioso vestido: plateado, de seda y encaje con brillo.
Recuero el día, solsticio de verano. Yo caminaba descalza por la pradera, disfrutando del sol, el cielo despejado y una ligera brisa que desordenaba mi cabello. Me senté en un tronco caído a escuhar los susurros guardados en el silencio. En eso veo un destello en la parte mas sombreadas del prado. Oculta bajo un enorme árbol estaba esta niña, que tenía los ojitos rojos de tanto llorar. Me contó que era el peor día del año, que no le gustaba, que le asustaba. Era el día de la noche más corta. "Y es que mis amigas las hadas apenas tienen tiempo de salir. Nosotras jugamos a escondernos del maligno sol, pero hoy él es el triunfador. Mira como nos ataca victorios desde lo alto del cielo, como nos hiere con sus lanzas de fuego."
No entendía nada, creía que era sólo una fantasía de niños, pero ella seria me explicaba que todo el mundo pensaba que las estrellas eran simples puntos brillantes disperos en el lienzo oscuro que es la noche. "Es que la gente sólo ve lo que quiere ver" me contaba. "Se cierran, no dejan que su imginación amplie su mundo. A mi me pueden decir lo que quieran, me puedo llamar loca, que alucino. Pero las hadas me asegurarion que algún día subiría al cielo con ellas, que viviríamosy juntas dormiriamos entre las nubes, evitando al viejo sol. Sabes, él es un amargado, no deja que mis amigas salgan a jugar. Le asusta que alguna logre brillar más que él, se muere de envidia si eso llega a pasar. Esta es la razon por la cual nos escondemos. Esperamos hasta el ocaso, cuando el viejo se baña en el mar"
Pasé el resto del día más largo bajo aquel árbol, escuchando las maravillosas aventuras de Luna y sus amigas estrellas, hasta me contó de cuando las visitó un cometa y me describió los picnic que disfrutan en los anillos de Saturno. Fue ahí también cuando permitio que le tomara la mencionada fotografía, la única prueba que me afirma que nada de esto fue un sueño.
Cuando ya el Sol dejó la batalla, Luna sonrio. Secó sus lágrimas y tomándome de la mano me agradeció. Luna me soltó y corrio hasta lo alto de una colina. De repente ví como millones de estrellas fugaces cruzaban el cielo, dirigiendose al exacto lugar donde la niña se despedía de mi con un suave gesto de la mano.
No la ví más por el prado. Muchas veces regresé junto al árbol, con la esperanza de volverla a encontrar.
Una ocsación de insomnio salí a mi terraza a tomar un poco de aire. Sorprendida descubrí a Luna en lo alto del cielo. ¡Ahí estaba! Rodeada de las hadas que habían cumplida su promesa. Era igual de pálida como la recordaba y cada peca parecía emitir destellos del mismo tono plateado que tenía su vestido.
Sin duda era Luna, no pude más que sonreír
23 septiembre 2008
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